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19 julio 2010

Un año después

Hace algo más de un año, un semejante de los que ahorcaban en los árboles del gran Estado de Mississippi llegó a la Casa Blanca y no para limpiarles las botas a ningún vaquero loco.
El mundo celebró el advenimiento de Obama y como fui uno de los que se apuntó a la religión, ahora que ya ha soplado las velas de prórroga, toca pedirle cuentas al mesías.
A los racistas les deben quedar pocos argumentos (si alguna vez tuvieron alguno) porque el político negro ha resultado ser igual que el político blanco y cuando el país abrió las piernas, la metió hasta el fondo y allí dejó abandonadas las promesas de cambio.

Tal y como dijo, Obama retirará las tropas de Irak a finales de agosto, pero tal y como prometió y de momento no ha cumplido, la situación en el país lejos de mejorar, sigue chorreando sangre por la boca. Tal y como dijo, Obama le ha plantado cara a la mafia sanitaria y liberal, consiguiendo cobertura médica para 36 millones de ciudadanos que hasta entonces morían en las puertas de los hospitales, pero tal y como prometió y no ha cumplido, los 15 millones de inmigrantes que trabajan en el país sin permiso de residencia, seguirán muriendo porque la vida para ellos es demasiado cara. Tal y como dijo, Obama ha impulsado la diplomacia por encima de los balas del vaquero loco, suavizando el tono del discurso con los países árabes, pero tal y como prometió y no ha cumplido, lejos de internacionalizar el diálogo más allá de los turbantes, ha seguido disparando las balas en América Latina, implantando cinco bases militares en la frontera amiga de Colombia, rememorando así el viejo estilo de los Somoza, los Allende y los Baptista. Tal y como dijo, Obama prohibió la tortura por decreto y anunció el cierre del campo de concentración de Guantánamo, pero tal y como prometió y hasta la fecha no ha cumplido, la lucha contra el fantasma terrorista sigue amparando la violación de los derechos humanos en los vuelos de la CIA y las cárceles secretas que la agencia tiene repartidas por todo el territorio amigo. Guantánamo aún sigue operativo y su hermético funcionamiento no augura nada bueno. Obama prometió cambio y apenas ha girado un poco la cabeza. En un mundo instantáneo como este, el Presidente va perdiendo brillo al minuto que pasa y muchos son ya los que han abandonado la religión pegando un portazo.
Yo todavía seguiré aquí, esperando al prometido, sentado en la última fila más cerca de la puerta que del atar, al lado de unos viejos amargados que llevan 2012 años esperando a que aparezca el suyo.

03 marzo 2010

Disidente o delincuente


En España, todo lo que sucede en Cuba tiene una especial repercusión, por los motivos evidentes ya conocidos y por la numerosa presencia de los autollamados "disidentes" cubanos, que con el apoyo de los sectores más duros de la derecha mediática española, han conseguido año tras año alzar la voz hasta el chillido. La prueba más reciente y más ruidosa ha sido la muerte de Orlando Zapata, uno de los autollamados, que decidió dejar de comer de forma voluntaria hasta perder la vida por una causa que, dependiendo de las circunstancias, puede ser noble o alta traición. Y esta última es la más habitual en Cuba.
Nadie sabe casi nada de Orlando Zapata, a nadie le importaba, ni siquiera a la mayoría de los que hoy todavía derraman lágrimas por él, porque Orlando no era un intelectual de renombre, era un don nadie que ha dejado un apatecible cadáver. A nadie le importaba porque cuando se habla de disidencia cubana no conviene escarbar demasiado. Es habitual y a la historia me remito desde Posada Carriles hasta José Basulto, pasando por Miami, encontrar a un señor de Washington "abatistado" en el fondo del hoyo. Y en el caso de Zapata no hay elementos objetivos que demuestran lo contrario. Lo único palpable es un largo historial delictivo que incluye asalto con arma blanca y exhibicionismo, que antes de disidente le convirtieron, como dijo Willy Toledo, en un "delincuente común". Pero Cuba es una dictadura y su justicia parte de ella y como tal injusta, dirán algunos, así que quizás Orlando era un verdadero disidente que perdió la vida por una causa noble y el Gobierno cubano debería "haber hecho algo más para salvarle", como también dijo Toledo, que además condenó de forma tajante el fallecimiento, aunque a nadie le importe al tratarse de un actorucho titiritero de mierda. Y es que para muchos de los que piden libertad, la libertad consiste en el derecho en cagarme en tu puta madre.
Pero bien es cierto que en Cuba no faltan causas nobles por las que luchar, porque en Cuba no existe la libertad "occidental", esa que otorga al ciudadano el derecho soberano de elegir a sus ladrones, y quizás Zapata era un idealista que creía posible la utopía de una Cuba libre, pero no puta. Sea como fuere, delincuente o disidente, su fallecimiento es responsabilidad de las autoridades cubanas, que han permitido el suicidio de una persona bajo su tutela y por tanto, su responsabilidad. Porque los presos son responsabilidad del Estado que decide privarles de su libertad y esto es válido para Zapata pero también para De Juana Chaos, al que muchos le deseaban con una sonrisa en la cara el mismo trágico final por el hoy derraman lágrimas cubanas.
Por el momento la muerte de Zapata sólo ha servido para que algún ilustre pseudointelectual cubano afincado en España, utilice la libertad que dice añorar en Cuba para responsabilizar a Zapatero de lo sucedido, pero seguro resultaría más efectivo secarse las lágrimas de cocodrilo y exigir al gobierno norteamericano el fin de una política opresora que dura ya más de cuarenta años y que posterga día tras día el sueño de una Cuba plenamente democrática.